En esta semana difícil de cuarentena y ante un pedido del Ministerio de Salud de Salta y de INCLUIR Salud, CEPRIDIASA retomó el crédito de los traslados de los pacientes. En un acto de buena voluntad y a la espera de un entendimiento y una cooperación entre todos los que integramos esta comunidad de salud.

Queremos saludar a los pacientes y profesionales y técnicos que hacen posible que cada paciente llegue, que cada sillón esté dispuesto, que cada máquina esté funcionando y que todos los insumos estén comprados y dispuestos para realizar diálisis. ¡Feliz día de la patria, a los que hacen patria todos los días!

HISTORIA EN PRIMERA PERSONA

En esta historia en primera persona, Germán Delgado cuenta las vicisitudes que atraviesa con la suspensión de traslados a los centros donde deben pasar horas siendo dializados. En un estado de vulnerabilidad total, llegar al centro de diálisis no puede ser una dificultad más, cuando la vida ya nos ha puesto tantos escollos.

“Soy paciente con insuficiencia renal terminal, en diálisis permanente. Vivo en Hipólito Yrigoyen”, cuenta Germán.

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Desde dada localidad se traslada a los pacientes a centros privados que hay en toda la provincia de Salta.

“Tengo imposibilidad de caminar, tengo muchos problemas en mis piernas” dice y explica que en más de una ocasión tuvieron que sacarle las prótesis, es decir, los catéter por donde ingresa el sistema que “lava” su sangre. Cuando se hicieron esas intervenciones, al momento de extraer, perdió parte de la masa muscular: “no tengo fuerza en mis piernas”.

Son las 2 de la mañana y la unidad de traslado sale a buscar a los pacientes de diálisis por las distintas localidades. Deben llegar al centro de atención que queda en San Ramón de la Nueva Orán en el norte de Salta.

“Buenos Días, ya en viaje pasando Embarcación a buscar pacientes de Los Blancos y Morillo” dice Cristian Martín, el Chofer del servicio que pasa a buscar a los pacientes que deben estar sentados en un horario y día determinado de la semana, tres veces por semana. Son las 2:10, marca el reloj del what app. Cristian informa que otra paciente no asistirá a diálisis.

A las 6:03, otro móvil sale en busca de pacientes en la misma ciudad de Orán.

Buscar, pasar por sus casas, que no están, además, en la misma ciudad donde se realiza el tratamiento, no es una veleidad. Es una necesidad estratégica. Nadie tiene la logística y la precisión que tiene el sistema previsto por los centros de diálisis. Por eso la prestación que se da es diálisis+traslado.

Y los pacientes no pueden, con la debilidad que los caracteriza, penar bajo lluvia o contra el viento, dos veces al día, tres veces por semana, para asistir al tratamiento que los mantiene vivos.

“Ahora el clima está lluvioso, vivo solo. Tengo que trasladarme en medio del barro, el viento, la lluvia, las calles anegadas. Esperar el colectivo que me lleva de Hipólito Yrigoyen a Orán” relataba Germán, con desconcierto de tanta dificultad, en el momento en que se habían suspendido los traslados por incumplimientos de más de 6 meses de la obra social nacional con los centros de diálisis.

“Me demanda 7 u 8 horas fuera de mi casa. En la situación que estoy es sumamente complicado” dice. “Quería compartir algo de lo que me está pasando ahora que tenemos suspendido el servicio de traslado” decía, días atrás, antes de que CEPRIDIASA decida renovar la expectativa de que las cosas se hagan como es debido.

“Se me complica mucho mucho mucho. A veces el colectivo tarda en pasar. Cuando llego, me deja a cinco o seis cuadras del instituto donde me hago la diálisis, no estoy en condiciones físicas de trasladarme por mucha distancia” dice. Es verdad.  

German denuncia que cada “dos por tres nos están haciendo lo mismo” y sostiene que más allá de los inconvenientes físicos que tienen las personas que padecen esta patología crónica,  deben pasar por el estrés que provoca la cuestión del transporte, toda vez que se suspende y más, si se pone en juego la prestación de diálisis en sí.

HACER PATRIA

Los afiliados de INCLUIR, ex PROFE, tienen esa obra social por su discapacidad, y como muchas de las personas que esperan ser trasplantadas o que necesitan de la diálisis para vivir, no pueden trabajar o se les hace muy difícil. La discapacidad es no poder del todo, es tenerlo todo cuesta arriba.

La obra social, justamente, toma a una población que ya es vulnerable económicamente, por eso es necesario que este sector de la salud sea acompañado con políticas certeras, con una atención que no acepta dilaciones o postergaciones.

La comunidad que trabaja desde la nefrología, integra a muchas personas que hacen su trabajo y ponen lo que tienen que poner de si, absolutamente todos los días, para que el sistema funcione. Y funciona. Se hace patria, todos los días.

Los Pacientes y los profesionales de cada centro que integra Cepridiasa son una comunidad.

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