Se viene el verano y es fundamental mantener el equilibrio hídrico del organismo para un funcionamiento correcto. En la nota te contamos sobre cómo cuidar tus riñones en esta época del año.

Mantenerse hidratado es fundamental

Gustavo Lavenia, es médico, especialista en Nefrología y medio interno, miembro titular de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial, responde a las preguntas más frecuentes.

El especialista expresó: “el organismo requiere la cantidad de líquido necesaria que permita que el riñón haga su trabajo. Es decir, filtrar toxinas y reponer la pérdida de agua producida por la transpiración, la orina y las heces. Esto suele suplirse simplemente con las comidas y bebidas que ingerimos en el día, sin necesidad de agregar mucho más.

Es importante aclarar que cuando se hace referencia a beber líquidos no solo es agua, sino que incluye a todas las bebidas y alimentos que se consumen y que la contienen, como frutas y verduras, leche, infusiones, sopas, etc.

¿Qué otras medidas debemos tener en cuenta para cuidar la salud renal?

En primer lugar, cuidar la ingesta de sal. No solo la sal que se usa del salero, sino también aquella contenida en productos ultra procesados, ya que su consumo excesivo aumenta la presión arterial (que a largo plazo puede llevar a problemas renales) y va a dar más sed. Como sugerencia elegir alimentos preparados de forma casera y condimentar con hierbas aromáticas.

¿Qué debemos considerar una hidratación correcta?

         Lo ideal es hidratarnos con agua segura o potable, que podemos saborizar de forma casera. Por ejemplo, con rodajas de limón, lima, naranja, hojas de menta, albahaca o perejil, con rodajas de jengibre o pepino, entre otras opciones. Las bebidas azucaradas pueden provocar más sed, estando a su vez el consumo excesivo de éstas asociado con un riesgo elevado de obesidad y diabetes, ambos factores de riesgo para la enfermedad renal.

Si nos referimos a cantidad, es conocida la recomendación de los 8 vasos de Agua. Referente a esto deberíamos aclarar que esta recomendación es para un adulto promedio, variando esto también según la edad (pediatría es menor) y del nivel de actividad física que nos lleve a mayores perdidas de Agua, en especial las insensibles como el sudor. Para una buena hidratación también son excelentes aliados las frutas y las verduras frescas. Siempre hay que asegurarse, principalmente si se van a consumir crudas, de que estén bien lavadas y sanitizadas con lavandina apta para alimentos (para esto va a ser importante leer el rótulo y preparar la solución sanitizante según las instrucciones del fabricante).

Cuando se toma poca agua, los riñones trabajan y se exigen más. Hay una disminución de la filtración del riñón, limitando su capacidad de eliminación de toxinas. En situaciones extremas puede llevar a una insuficiencia renal aguda, cuadro clínico de gravedad con complicaciones en todo nuestro organismo.

Los bebés y personas mayores son los grupos a quienes hay que prestarles más atención, ya que son más vulnerables a la deshidratación. Esto no significa estar todo el día bebiendo agua por las dudas, sino por ejemplo, en caso de saber que esa persona perdió líquido, reponerlo aunque no tenga tanta sed.

¿Existen algunos síntomas que puedas alertarnos de deshidratación?

Los mareos, el cansancio, el dolor de cabeza, la debilidad o la somnolencia son síntomas de deshidratación. Puede llegar a afectar el rendimiento físico, la capacidad cognitiva, la termorregulación e incluso a alterar la función cardiovascular.

Tener en cuenta aquellos pacientes que están tomando diuréticos y que no se están hidratando adecuadamente. Pacientes con cólicos renales que padecen de cálculos renales e hipotensión (presión baja) que están con medicación antihipertensiva, que puede deberse también a una baja hidratación. Es por ello que se requiere la consulta médica para los ajustes que merezcan.

¿Cómo podemos darnos cuenta de que estamos deshidratados?

         El primer síntoma al que debemos estar atentos es la disminución del ritmo de diuresis, es decir orinar menos (ya sea frecuencia o cantidad). La sequedad de piel y mucosas es otro signo, aunque debe ser evaluado por un profesional pues en los ancianos puede no ser un signo típico. Un médico ante la aparición de cualquier síntoma como los mencionados, y ante cualquier duda, hará las indagaciones de antecedentes y pedirá testeos para poder diagnosticar precozmente cualquier enfermedad renal. Tres simples estudios como el uso de la creatinina en sangre, un examen de orina y una ecografía renal permiten diagnosticar las enfermedades renales y derivar la consulta a un especialista a un nefrólogo.

¿Y lo que se conoce como golpe de calor puede afectar a los riñones?

         La ola de calor es, a nivel meteorológico y médico, no solo un efecto del cambio climático sino también un fenómeno que debe ser tenido muy en cuenta en el cuidado de la salud. Fue responsable de alrededor de 70.000 muertes, y es considerada entre las diez principales causas mundiales de muerte por desastres naturales entre 1980 y 2017.

         El golpe de calor es una situación muy grave, que se caracteriza por aumento de la temperatura del cuerpo 39°C – 40°C o mayor (medida en la axila), piel roja caliente y seca (se agota la transpiración), con respiración y frecuencia cardiaca acelerada y suele estar acompañado de dolor palpitante de cabeza. Es importante recalcar que un golpe de calor puede ocasionar fallo renal agudo, sobre todo en personas vulnerables o con enfermedades crónicas como la diabetes y se expone a situaciones de deshidratación extrema y altas temperaturas.

         Otro escenario clínico, es el de los pacientes que padecen insuficiencia renal crónica. Ellos no concentran adecuadamente la orina, por lo que en situaciones de calor excesivo sufren con más facilidad una deshidratación. Por otro lado, los pacientes que toman diuréticos, así como los que toman medicación para tratar la hipertensión arterial pueden padecer con más frecuencia e intensidad los efectos perjudiciales por el calor (deshidratación o bajada de la tensión arterial).

CONCLUSIONES:

    El verano nos predispone a sufrir más frecuentemente de deshidratación (especialmente en niños y ancianos), y provocar agravamiento de la función renal.

Fuentes a consultar:

  • Sociedad Argentina de Nefrologia  https://www.san.org.ar/

Extraído de: www.rosario3.com

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