
Hay aproximadamente 4 millones de argentinos que actualmente padecen esta condición. Los grupos más afectados por esta patología son las personas con hipertensión arterial, diabetes y adultos mayores.
La enfermedad renal crónica (ERC) es un problema de salud pública a nivel mundial y Argentina no escapa de esto. Según los resultados preliminares de la Segunda Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018-2019, la prevalencia de ERC en Argentina alcanza un 12.7%, lo que significa que hay aproximadamente 4 millones (1 de cada 8) de argentinos que actualmente padecen esta condición. A su vez los grupos más afectados por esta patología resultaron ser las personas con hipertensión arterial, diabetes y adultos mayores.
Asimismo, según los datos publicados en la 4ta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo en 2019, la prevalencia de Diabetes Mellitus y glucemia alterada alcanzó el mismo porcentaje (12.7%). Además la hipertensión arterial continúa siendo una enfermedad altamente prevalente (34.6%), según datos de la misma encuesta.
En la actualidad, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo y han tenido un rápido aumento en países de bajos/medianos ingresos3. El 32% de los pacientes con diabetes padecen una enfermedad cardiovascular. La hipertensión arterial, junto con la diabetes, son las causas más frecuentes de ERC, y esta última, a su vez, es la primera causa de ingreso al tratamiento de diálisis crónica en Argentina y Latinoamérica.
Es así que la ERC, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes mantienen entre sí una estrecha relación dando lugar a un círculo vicioso difícil de desentrañar.
La ERC se define como el funcionamiento anormal de los riñones por más de tres meses con o sin daño estructural de los mismos.
El diagnóstico es sencillo ya que generalmente los análisis de rutina incluyen alguno de los parámetros necesarios para diagnosticarla. Aún así, la mayoría de los pacientes con enfermedad renal no son reconocidos en el primer nivel de atención. Esto sucede, en parte, porque la evolución de esta enfermedad suele ser silente y asintomática. Por consecuencia, las personas afectadas no son controladas. Entonces la enfermedad progresa y solamente en sus estadios más avanzados es decir, cuando empiezan a detectarse los síntomas, que generalmente coinciden con la necesidad de una terapia de sustitución renal (diálisis crónica) o trasplante renal si es que el diagnóstico así lo determinase.
Por otro lado, a medida que avanza, la enfermedad renal se asocia con múltiples comorbilidades como la insuficiencia cardíaca, la anemia y trastornos hidroelectrolíticos que impactan desfavorablemente en la calidad de vida. Algunos de los síntomas de la enfermedad renal avanzada pueden incluir: náuseas y vómitos, pérdida de apetito, fatiga y debilidad, problemas de sueño, cambio en la cantidad de orina, disminución de la agudeza mental, sacudidas y calambres musculares, hinchazón de pies y tobillos, picazón constante, dolor en el pecho (si se acumula líquido en el revestimiento del corazón), falta de aire (si se acumula líquido en los pulmones), y presión arterial alta (hipertensión) que es difícil de controlar6.
La manifestación más grave de la enfermedad renal es la insuficiencia renal crónica terminal (IRCT) que sucede cuando los riñones ya no pueden funcionar como deberían para satisfacer las necesidades del cuerpo; esto generalmente lleva al paciente a la necesidad de realizar una terapia de sustitución renal (diálisis crónica) o al trasplante renal. Mientras la incidencia de la IRCT se ha duplicado en los últimos 10 años, hay muchos pacientes con ERC en estadios tempranos que no tienen diagnóstico.
Actualmente las principales sociedades científicas y el Ministerio de Salud avalan el cribado de la ERC en población con alto riesgo de padecerla. Como ser, las personas que presentan hipertensión arterial, diabetes, enfermedades cardiovasculares, tabaquismo, entre otras.
En la población con diabetes, el daño renal puede estar presente incluso desde el diagnóstico de la misma sin manifestaciones clínicas. Por este motivo, se recomienda una evaluación de la función renal anualmente desde el momento del diagnóstico de diabetes mediante la medición de creatinina sérica y el cálculo de la tasa de filtrado glomerular, así como también la relación albuminuria/creatininuria en orina aislada. La misma recomendación aplica para las personas con hipertensión arterial.
Finalmente, la ERC, diabetes y enfermedades cardiovasculares son condiciones que se retroalimentan entre sí y precisan de estrategias efectivas para reducir su impacto en la salud mundial. Es imprescindible detectarlas a tiempo para poder actuar de manera temprana sobre su prevención y diagnóstico.
fuente: http://www.laprensa.com.ar/499988-La-enfermedad-renal-cronica-afecta-a-1-de-cada-8-argentinos.note.aspx
