10 DE NOVIEMBRE 2020 – 02:05 Crece la preocupación de pacientes dializados por más de cuatro meses de atrasos de Incluir Salud. Prestadores emitieron un ultimátum que vence el próximo jueves.

Pocas personas conocen, se imaginan o dimensionan por lo que pasan quienes necesitan diálisis para vivir. De los problemas de salud es de los más condicionantes y caros. «No lees, no podés mirar televisión, estás ahí cuatro horas», decía días atrás JORGE LANATA -que pasó por esto antes de ser trasplantado- en su programa de radio.
Germán Delgado es de Hipólito Yrigoyen. No puede trabajar.
Su capacidad física fue disminuyendo drásticamente a raíz de su enfermedad. Con el paso del tiempo tuvo que cerrar su pequeño negocio y sobrevivir con la pensión por discapacidad -de menos de $12.000- y el apoyo de su esposa, que atiende un quiosco en la ciudad de Orán y trabaja de empleada doméstica.
Atrás quedó el tiempo en que la diálisis peritoneal le permitía trabajar y «hacía una vida totalmente normal». Hace cuatro años y medio comenzó con la hemodiálisis y ahí empezaron los problemas serios. «No me podían poner la fístula y empecé con los catéteres. Me pusieron más de 20 en el tiempo que llevo de diálisis y hemodiálisis», recordó.
Un día de diálisis en su vida comienza a las 10, cuando la ambulancia lo pasa a buscar por su casa. «Llego al instituto tipo 10.45 y a las 11 me conectan. Terminó la diálisis a las 15.30 y de ahí otra vez me trasladan hasta mi domicilio», precisó. Para Germán significa un día más de vida, aunque emocionalmente es un mediodía perdido, porque no puede desenvolverse con normalidad y hacer cosas.
Sin Incluir
Hoy su vida de condiciones y carencias se agudiza. La obra social que le toca por ser pensionado no paga la prestación hace meses. Incluir Salud (antes PROFE), además de pagar montos muy inferiores al costo en insumos y equipos técnicos, tiene un atraso de más de cuatro meses.
Desde CEPRIDIASA, la asociación que aglutina a los centros de diálisis, dirigieron una carta documento a Incluir, conminándola a regularizar los pagos, bajo amenaza de cese de servicio. El plazo vence el próximo jueves.
Los centros de diálisis son, en su mayoría, pequeñas empresas que no pueden sostener económicamente las demoras de los pagos. Su primer aviso llegó a la obra social en agosto, pero «nunca fue contestado», subrayó el presidente de CEPRIDIASA, Mario Espeche.
Desde la entidad indicaron que el Ministerio de Salud de Provincia no es ajeno a la delicada situación de los pacientes que tienen su vida atada a las diálisis, puesto que en un convenio que ya se suscribió con el IPS, la obra social provincial, resta la firma de esa cartera e Incluir Salud.
«Estuvimos en tratativas ocho meses, primero con Roque Mascarelo y luego con Josefina Medrano. El convenio con la obra social provincial prevé actualizaciones bajas, pero que al menos consideran que hay inflación. Con Incluir, al no haber relación contractual, es todo de hecho», puntualizó Espeche.
Desde los centros de diálisis insisten en que, en las actuales condiciones, se incurre en una exclusión de las personas crónicas renales del sistema de salud. «Se discrimina desde el Estado a los pacientes de diálisis, se viola su derecho a la salud», sostuvo la médica Nora Marcheta, referente de uno de los centros. «No se resuelve algo que debería ser expeditivo: falta decisión política, creemos», agregó.
Emilse Mauri, responsable de Incluir Salud, habló en diversos medios, deslindó responsabilades e indicó que el pago depende del acompañamiento del ministerio. A la vez, acusó a los centros de diálisis e instruyó a pacientes a iniciar acciones o quedarse tranquilos, bajando el tono a las advertencias reiteradas por los prestadores.
Mientras tanto, los elevados costos de los insumos dolarizados tornan cada vez más dificultosa la continuidad de las prácticas.
En este contexto, Germán Delgado se siente como «un paquete de arroz con fecha de vencimiento». Su vida pende de la máquina a la que lo atan tres veces por semana. «Si yo no me dializo en tres o cuatro días, ya empieza a alterarse todo mi sistema inmunológico, y al no eliminarse las toxinas me provocaría un paro cardiorrespiratorio», remarcó, tras resumir su angustia en pocas palabras: «Yo tengo 58 años y muchas ganas de vivir».
Fuente: el tribuno
